Escribe con Héctor: Los personajes I
- Héctor Peña Manterola

- 8 jul.
- 8 min de lectura

Introducción
Hace algunos años, una escritora a la que entrevisté (ganadora de uno de los galardones más prestigiosos de habla hispana) me dijo una frase que, desde entonces, he copiado de manera miserable: "Un lector llega por la premisa, pero se queda por los personajes".
Y tiene razón.
Reconozco que mi cerebro funciona mejor con conceptos que con personas, al menos en el lenguaje escrito. Una premisa (un parque de dinosaurios) dispara mi imaginación y libera mi dopamina más que el arco del paleontólogo con punto de vista. Pero cuando echo la vista atrás y analizo los motivos que me han llevado a disfrutar de esa lectura, la respuesta siempre tiene que ver con el carisma de aquel, la dinámica entre estos, el humor de ese.
Hoy vamos a aprender a construir personajes.
1) El personaje como punto de vista
Nuestros personajes están íntimamente ligados al narrador, tema que trataré de manera tangencial.
Cualquier historia, ya ocurra en un mundo fantástico, el planeta Telemón o el bar de Pepe, necesita de alguien que la cuente. Un narrador omnisciente no se meterá demasiado en la cabeza del personaje. Un narrador en primera persona, por definición, lo es.
Lo que tenemos que tener claro es que, con independencia del tipo de narrador que escojamos para nuestras historias, los personajes con punto de vista serán aquellos a través de los cuales conozcamos los hechos. Ellos actuarán en primera plana. Quizá incluso sepamos lo que piensan, o solo tengamos la opción de intuirlo a través de sus acciones.
Hecha esta primera aclaración, entremos en materia.
2) Tipos de personajes
Depende de la fuente que consultéis, este tema varía. Yo haré la siguiente división en función de su peso en la trama: personajes principales, secundarios y herramientas. El tema da para mucho más, quizá para una entrada propia, pero como supondré que estamos buscando unos fundamentos antes de avanzar a materias avanzadas, servirá.
Los personajes principales son los motores de la historia. Ellos vivirán las aventuras, ellos tejerán las conspiraciones, ellos tienen peso real en la trama. Incluiremos aquí a los protagonistas y antagonistas. Sin las acciones de los personajes principales, no habría historia.
Los personajes secundarios son aquellos que enriquecen la historia. Pensemos en el compañero del protagonista, cuya función es auxiliarlo en momentos puntuales o adoptar el rol del mentor. O en ese guardián del umbral que le impide colarse en la fábrica de galletas donde han encerrado a su cachorrito. Se trata de personajes bien definidos, quizá incluso con sus propias agendas (de hecho, deberían tenerlas para no caer en monigotes planos), cuya implicación no se limita a un momento puntual.
Para estos momentos puntuales he diseñado la categoría "herramientas". No es una categoría académica, sino una forma práctica de llamarlos por su función narrativa. Pensad en la típica señora que baja a comprar el pan y le da una propina al protagonista con la que puede (ahora sí) comprarse un tirachinas. Quizá ese tirachinas rompa la ventana del señor Wilson y así se catapulte el argumento. Las herramientas son, por tanto, intervenciones personificadas del narrador para resolver problemas estructurales, generar sensación de realismo en el mundo o personificar a la diosa Fortuna.
Vamos a profundizar en estas categorías.
3) El personaje principal y el mito del protagonista
Piensa en una serie de moda, la que quieras. Yo lo haré en From. Te habrán venido a la cabeza un puñado de personajes, ¿verdad?
En mi caso, pienso en el sheriff, la enfermera, el niño perdido que ahora es un adulto extravagante, la madre y el genio. Profundizo y veo una serie de ramificaciones en las que aparecen más personajes que dependen de ellos. Por ejemplo, del sheriff dependen su hijo y la mujer de este.
En las series corales es difícil elegir un único protagonista, igual que ocurre en las novelas. Todo el mundo tiene claro que Harry Potter lo es en la obra homónima, pero es más complicado elegir entre Sergio y Sofía en Mo-Ho, por ejemplo. Lo que tienen en común todos esos personajes es que sus arcos permiten avanzar en la trama, son inseparables, y es a través de ellos que el escritor cuenta la historia.
Los personajes principales, ya sean buenos, malos o moralmente grises (esta opción es preferible, aunque también es muy atractiva la creación de personajes intachables con traumas en fantasía épica o de villanos con corazoncito en ciertos tipos de romances), deben tener algunos atributos innegociables. Iniciativa para lanzarse a la aventura (un personaje pasivo suele generar escenas menos dinámicas, salvo que sea una etapa previa a la travesía del primer umbral) o responder a su llamada, un objetivo claro (volver a casa, salvar a su hermano, derrocar al usurpador) y una personalidad determinada (igual que ocurre en la vida real).
También debe ser habilidoso. Los personajes con defectos casi siempre serán más interesantes (Holmes socializa como una pared, Naruto comienza siendo torpe, etc), ya que una vez hagas partícipe al lector de sus debilidades, explotarlas dará un peso dramático adicional a ciertas escenas. Si no es habilidoso de primeras, debe tener la opción de serlo y, en algún momento, superar las pruebas que lo lleven a estar preparado.
A la gente le gusta ver a otra gente hacer lo que ellos no pueden. Atrapar a un asesino te permite fantasear con ser un héroe; encarnar al asesino, con hacer ciertas cosas que, con razón, están mal vistas. Cuando Carl desciende a la mazmorra, el jugador de D&D es posible que piense: "Qué cabrón. Eso es mejor que tirar dados y jugar con minis impresas en 3D". Así hasta el infinito.
Es recomendable que al menos uno de los personajes principales sea carismático. Si el elenco es reducido, este papel puede recaer en un secundario (la mascota mona...). Esto es algo que los japoneses hacen muy bien en el manga y el anime. Perdonadme lo que voy a decir, pero Naruto y Luffy son un tanto patanes. Sin embargo, tienen valores. Esto se traduce en un código moral estricto cuyo cimiento es un gran corazón.
El héroe, de haberlo, no solo debe parecer bueno, sino que debe serlo, aunque los medios que utilice para vencer sean cuestionables.
Lo mismo ocurre con los antagonistas. Tomemos a Thanos, de Marvel, en su versión cinematográfica. Tiene una motivación clara con la que un gran porcentaje de nuestros líderes puede empatizar. Si partimos de la premisa de que la vida es un recurso destinado a generar entropía, eliminarla dista poco de poner menos lavadoras para gastar menos electricidad en verano o de vender tres de las cuatro propiedades que te ha legado tu tía la rica porque estás ahogado a impuestos.
Los villanos (sí, estoy usando ambos términos, antagonistas y villanos, indistintamente; cuidado con esto) deben ser igual de atractivos que los protagonistas. La única diferencia entre ellos debe ser el código moral: mientras que el lector tiene que empatizar con el de los protagonistas, es recomendable que rechace el de los antagonistas, a pesar de que sus motivaciones puedan resultarles razonables.
Y si escribes una escena desde el punto de vista del mal, los recursos empleados deben ser los mismos y el lector debe de querer que el mal triunfe... al menos hasta que acabe el capítulo.
4) El personaje secundario
La definición que hemos dado más arriba es suficiente para entender lo que es, así que centrémonos en crearlos.
Un personaje secundario es una rémora que frecuenta al personaje principal. Debe participar de sus acciones, quizá convertirse en obstáculo, tal vez salvarle la vida. Gracias a ellos podemos convertir una buena historia en una memorable.
Un lector solo recuerda algunos detalles de un personaje secundario. Nuestra labor es ensalzarlos sin caer en lo caricaturesco, salvo que esa sea la intención. Por ejemplo, una manía ("Samuel siempre empujaba el paladar con la lengua mientras mascaba chicle"). Una forma de hablar determinada ("El acento sureño de Lisa hacía que arrastrase las eses como un áspid que te advierte para que no entres en su territorio... y quizá eso pretendía al disimularlo con su grupo de amigas, pero exagerarlo cada vez que se acercaba un baboso"). Un detalle físico ("Pedro llevaba su chupa de cuero con el parche termoadhesivo del Real Madrid lloviese o hiciera un sol de castigo").
También ha de definirse no tanto su función, que puede variar (de mentor a compañero, de guardián del umbral a mentor), sino su rol con respecto al personaje principal que orbita (es el amigo, es el padre). Aquí la línea es muy sutil. Y, en ocasiones, un mismo secundario estará relacionado con varios principales.
Piensa en una conversación de bar. "Fulanito, el padre de Menganita, la de las coletas". Un personaje secundario debería identificarse con la misma facilidad.
También debe tener objetivos propios, una vida, en general. Esto puede convertirse en algo que perder o en mucho que ganar. Nadie es 100% altruista. La situación del personaje y su carácter afectan a su toma de decisiones de igual manera que en los personajes principales, solo que su peso narrativo es inferior.
5) Las herramientas
Si el personaje secundario tenía pocas pinceladas, a pesar de aparecer de manera recurrente, con las herramientas seremos todavía más escuetos.
Volvamos a la historia del panadero. Para definir a la señora, bastaría con algo parecido a: "La señora Dolly tenía finas manos de pianista maltratadas por la edad. La piel se le pegaba a los huesos como a la empuñadura de una espada, y unas venas gruesas y violáceas se marcaban en el dorso. La cara no había corrido mejor suerte: aunque presumía de haber sido una mujer hermosa, y me constaba que había parte de verdad en esa afirmación, la acumulación de manchas solares, arrugas y una papada que se asentaba sobre el cuello como chicle recién masticado habían borrado cualquier evidencia de que el pasado que proclamaba hubiera sido real".
Ya está. Suficiente.
Es fluido de leer y aporta información completa: cómo es físicamente (anciana), su carácter (vanidoso) y su profesión (pianista, aunque esto no queda claro, podría tratarse solo de una comparación). Podemos añadir que viste de X o Y manera, aunque apuesto por incluirlo más adelante, cuando Dolly abandone la panadería forzando un peligroso movimiento de cadera. Desde la operación, no ha vuelto a ser la misma.
Dolly no volverá a aparecer. El lector seguramente la olvide, o piense en ella como "la señora que le dio la propina". Siendo la premisa básica de un narrador retener la atención en cada línea, cuanto más se acerque Dolly a un personaje secundario en la forma de hablar, mejor. Pero tened cuidado con no pasaros. Si Dolly parece importante y no vuelve a aparecer, el lector, en vez de concentrase en la lectura, pensará: "¿Cuándo vuelve Dolly?", y se perderá el auténtico desarrollo de la historia.
6) Caso práctico: Ciudad Terrible
La mayor parte de las reseñas de Ciudad Terrible coinciden en que tiene demasiados personajes. Y es verdad, pero también son 900 páginas de dinosaurios comiéndose militares y científicos.
La novela tiene los personajes que demanda para funcionar, entre los principales: un protagonista con un objetivo claro, un villano con su círculo interior convertido en tres personajes principales, un cabo suelto, un espía, un niño, una madre... Y cada uno aporta algo a la narrativa.
Estos personajes aportan peso dramático. Las relaciones entre ellos no son casuales. La madre es la directora de Dinópolis y su hijo ha dejado de creer en los dinosaurios. El (o la) espía conoce información que los demás no. El villano persigue un objetivo oculto. El protagonista es claramente humano en ambición y trasfondo. Podría seguir.
Luego, tenemos un montón de personajes secundarios. El camarógrafo que eleva la tensión. El informático que comete errores pensando en su familia. El hombre leal que protege a su jefe. Rémoras.
Y, por último, están las herramientas. El conductor del taxi que traslada de A a B al protagonista. El guarda que pronuncia unas palabras de consuelo en el momento adecuado. El comandante que prefiere no creer.
Os invito a leer la novela e identificarlos.
Conclusiones
Hasta aquí llega este primer artículo dedicado a los personajes.
Si un lector llega por la premisa, pero se queda por los personajes, merece la pena dedicar tiempo a construirlos. Hoy hemos aprendido a clasificarlos según su función dramática. En el siguiente artículo veremos cómo conseguir que parezcan personas reales y no simples piezas del engranaje narrativo.
Es un tema que da para un ensayo. Hay algunos por ahí. Os recomiendo buscarlos. Con los manuales de escritura ocurre como con los Pokémon: hay que hacerse con todos.
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Gracias por leerme, nos vemos en el Celsius.




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