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Escribe con Héctor: El poder de la escasez



Introducción


Que este artículo se haya dilatado tanto es un claro ejemplo del poder de la escasez.


Comencé esta serie de entradas con la intención de dar tips sobre el arte de construir una historia, dentro de la amplísima variedad de enfoques existentes, y podría parecer que me alejo de ello, pero, en temporada de ferias y con las redes sociales echando humo, me encuentro con que, hoy en día, el gran problema no es publicar (cualquiera tiene acceso a Amazon, un montón de herramientas gratuitas o de bajo coste, una base de datos infinita de profesionales, y, el que más y el que menos, el contacto de editoriales con diferentes modelos de publicación), sino hacerlo bien.


¿Qué significa "publicar bien"? Empecemos por ahí: las traicioneras expectativas.



1) La trampa de las expectativas


Tengo un amigo que hace poco se gastó ciento y pico euros en un mazo de Magic. Tomando un café con él, me dijo que con la combinación de esta y aquella carta lo iba a petar, que en un par de torneos recuperaría la inversión y que para después de verano se desharía del mazo y vuelta a empezar.


Yo, que he pasado por diferentes etapas en hobbys frikis donde el metajuego fluctúa de la noche a la mañana, le aconsejé prudencia. Podéis intuir cómo acabó la historia. Mi amigo no solo hizo el ridículo en los dos campeonatos, sino que me preguntó: "Oye, Héctor. ¿Cómo se puede tener tan mala suerte?"


La suerte no tuvo nada que ver aquí. Cometió un error (de manual) al calibrar sus expectativas, y un segundo error al ignorar que los demás jugadores habían hecho idénticas cábalas, y algunos, los más avispados, habían sabido predecir lo que iban a usar los demás y habían acudido preparados; a eso se le llama "leer el meta".


También podía ser que se hubieran gastado más dinero.


El caso es que, como escritores, nos enfrentamos a la misma situación. Estamos ciegos. Tendemos a pensar en lo puñeteramente bueno que es nuestro libro, como si fuera el único cuadro de un museo, expuesto a una legión de posibles observadores que no tienen más arte que juzgar.


La realidad es que nuestra obra solo es un pequeño organismo en un ecosistema inmenso.



2) Pero mi libro es la repera


Cuando comencé a escribir Ciudad Terrible, lo primero que pensé es que le gustaría a cualquier lector de nicho como yo. Basta una palabra para explicarlo: dinosaurios.


A mí me encantan los dinosaurios. Me mola verlos destrozar cosas (personas, a poder ser). Y estos, encima, son robóticos. He conseguido que el libro hable de todos los temas que nos preocupan hoy en día. Y hay un archivillano. Mi libro es la repera.


La realidad, durante este primer mes y medio, ha sido diferente. Sí, las cifras son buenas, excelentes considerando que el lector actual considera el thriller científico (o techno-thriller) como ciencia ficción, pero ni mucho menos ha hecho que en los aquelarres del nicho se rece a un nuevo Maestro.


Lo primero es pensar que la culpa es nuestra. ¿Es porque la novela es lenta? Lo es, pero son casi 900 páginas; necesitaba una solidez. ¿Es porque los dinosaurios están pasados de moda? Juego con esa idea, pero me gustaría pensar que unos animales tan maravillosos nunca pasarán de moda. ¿Es porque es un subgénero que funciona mejor en el cine? Eso ayuda, claro; no es lo mismo leer cinco páginas de diálogo técnico que escuchar (oír) treinta segundos de intercambios rápidos en un escenario visualmente impresionante, pero no podemos olvidar que estamos en España y ciertas adaptaciones son complicadas.


El problema es el mismo que el de cualquier otro libro.



3) Hay alguien más en esta habitación


La vieja vidente arruga la nariz. El incienso comienza a consumirse, y ahora el olor es más agrio, más pesado. Te fijas en el rápido movimiento de sus ojos bajo los párpados. La mano con la que te agarra pierde fuerza. Abre la boca, una O que te recuerda a los círculos de humo de los que tanto presumía tu padre, y las palabras se filtran por los huecos de la dentadura: "Hay alguien más en esta habitación".


Paro el carro. Podéis ahorraros los sesenta euros de la sesión de espiritismo, que ya os lo digo yo: vuestro libro es uno más en un carrusel de novedades. No solo se ve forzado a competir contra la atención individual de los posibles lectores. Un concierto que dé al traste la primera presentación, una novela de uno de los principales bestsellers que acapare las redes sociales... Quizá a Pedro le encanten los dinosaurios, pero justo está saturado por esa promoción laboral que no se da, y la novedad de Abercrombie le llama más, que, además de ser una lectura más ágil, es un escritor de confianza, casi de la familia. Y cuando Pedro termine con las seiscientas páginas de Abercrombie, habrán pasado dos semanas y tu libro ya no será una novedad.


Hay dos opciones: convertirse en Abercrombie... U ofrecer a Pedro algo tan sumamente exótico que le dé igual que hayan pasado dos semanas o dos meses: te necesita.



4) Proyecto Abercrombie


Joe Abercrombie es uno de mis autores favoritos. Si no habéis leído Los Diablos, ya estáis tardando.


La pregunta es: ¿el mundo necesita otro Abercrombie?


La respuesta egoísta es sí, unos cuantos más, pero no dejarán de ser imitadores. Y, ¿qué ocurre en esos casos? Que el lector promedio leerá, en primer lugar, al original, y solo pasará al segundo de la lista si se ha quedado con hambre. Si eres #Joe10, que te descubran será un milagro.


Lo mejor es preparar una receta que solo sea tuya, y eso nos lleva al corazón del artículo.



5) El poder de la escasez


Cada año surgen doscientos gurús que nos explican el motivo de que el alquiler de un local en la calle Gran Vía de Madrid cueste cien veces más que en una nave de un pueblecito de Asturias. Los llamaremos #Joe101, #Joe102, #Joe103... Y así hasta el infinito. Luego, que si la natalidad.


Antes de ellos, hubo quienes pusieron las primeras piedras. No profundizaré porque no he venido a hablar de economía, pero el principio es el mismo: el dueño del local de Gran Vía puede cobrar más porque ostenta el poder de la escasez. En dicha calle, el número de superficies disponibles es muy limitada, y el impacto a posibles clientes, elevadísimo. En diez minutos, expones tu marca a más personas que en un día en el pueblecito asturiano.


El objetivo de desarrollar nuestra voz como autores es el mismo.


Si comparamos los mundos de Sanderson, Martin y Tolkien, los diferenciamos en cuestión de segundos. Tienen su propia identidad. Igual que una novela de King. Hay algo que los hace únicos, y suele ser una combinación de la atmósfera/estética, el tono, el estilo y los personajes. Esto lleva a que cualquiera de los cuatro mentados, o cinco si incluimos a Abercrombie, dieran forma a novelas diferentes a partir de una misma idea.



6) Una propuesta indecente


El que juega para no perder, por lo general repite una fórmula exitosa. En novela negra y thriller es muy común la pareja detectivesca donde A es brillante y B es tu colega. Podemos sumarles traumas y tópicos.


Cuando un editor recibe el manuscrito de #Joe157, quizá lo contrate porque va a lo seguro, y fácil que los lectores lo compren de inicio (dentro de lo dificilísimo que es vender libros), al menos si lo comparamos con algo nuevo. Seguirán leyendo primero al original, pero... ¿Y si...?


En cambio, si eres auténtico, cuando un editor reciba tu libro es probable que piense: "¿Cómo co... jines vendo esto?" Y quizá establezca relaciones comerciales con otras obras a posteriori. La diferencia es que si el lector te lee creyendo que eres #Joe234, y resulta que en vez de filete de pollo empanado le descubres un nuevo sabor, es probable que no le guste, pero también que te conviertas en una de sus comidas favoritas.


Yo he cimentado mi carrera haciendo esto, a pesar de las influencias (la idea de un parque de dinosaurios no parece novedosa, ¿verdad?). Firmé mi primer contrato de edición tradicional porque Cabárceno, a pesar de sus numerosos defectos de opera prima de autor joven, era un soplo de aire fresco. Local, canalla, visceral. Rompía con la cultura de lo políticamente correcto. Hubo gente que la detestó. Otros lectores siguen conmigo casi cuatro años después. Son la mayoría.


Así, libro a libro, he ido creciendo hasta vender X derechos a una editorial grande, pero esa es una historia que abordaremos a su debido momento. Lo destacable es que cuando alguien lee un libro de Héctor Peña Manterola, sabe más o menos por dónde voy a tirar, a pesar de que siempre pruebo estructuras nuevas, y aborda la lectura con la mente abierta porque podría ocurrir cualquier cosa.


Es un camino más empedrado, infinitamente más lento (salvo que tengas un buen padrino), pero mucho más gratificante. Es, además, el que recorrieron todos los grandes nombres del mercado anglosajón.


Conclusiones


Creo que ha quedado claro, ¿verdad?


El objetivo de la escritura es ofrecer la versión más genuina de nosotros mismos, hablemos de dragones, burócratas senegaleses o del sexo de los ángeles. De primeras, puede dar la impresión de que nos aleja de la ruta de lo comercialmente viable, pero, en el fondo, es la única manera de construir una carrera larga y sana.


 
 
 

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