Escribe con Héctor: La trama
- Héctor Peña Manterola

- hace 1 hora
- 9 Min. de lectura

Introducción
Internet está lleno de consejos de escritura.
Resulta curioso que en este ecosistema tan heterogéneo la fuente menos consumida sea la escrita (salvo que te lo chive ChatGPT).
Los podcast son geniales, los reels antes de dormir no están nada mal, pero el blanco sobre negro permite copiar, agiliza la toma de apuntes y facilita recuperar el hilo de un vistazo, por no hablar de la concentración. Venga, sabes de lo que hablo.
Hoy vamos a centrarnos en un pilar sencillo pero fundamental: la trama.
Vamos a abordarlo desde la experiencia, es decir, desde los aciertos y los errores.
1) ¿Qué es la trama?
Si estás aquí seguro que ya lo sabes. Desde luego estás pensando en la primera acepción de la RAE: "Conjunto de hilos que, cruzados y entrelazados con los de la urdimbre, forman una tela".
No solo intentaba hacerme el gracioso. La trama de una historia es, a grandes rasgos, eso: la organización de los eventos que sucederán a los diferentes personajes de manera que el resultado sea una narración coherente.
No la confundamos con el argumento (qué sucede). La trama es el cómo.
Hasta aquí los tecnicismos.
2) Forma y fondo
Pero Héctor, hijo de una hiena, acabas de decir que se acabaron los tecnicismos. Ya. Bandera blanca.
Habréis oído hablar de la forma y del fondo. Como esto no es una clase de escritura al uso, lo único que diré es que, para contar una historia, la que sea, debemos de tener claro qué recursos (qué lenguaje) vamos a emplear.
Pongamos un ejemplo práctico usando un libro muy famoso: Reina Roja, de Juan Gómez-Jurado. Da igual que seas un fan o un detractor (en lo personal me gustó mucho, Antonia Scott es una superheroína). La trama es, en apariencia, sencilla: una sucesión de capítulos lineales (de A a B) con algunos flashbacks que justifican carácter (y abren ciertas incógnitas a los futuros libros de la saga) y escenas sueltas desde el punto de vista de terceros para ampliar información y generar esa sensación de inmediatez.
En lugar de seguir un estilo en primera persona desde el PV del compañero de la genio (habitual en novelas detectivescas, véase Sherlock Holmes), Juan opta por una tercera persona en presente (lo que sucede, sucede ahora) y emplea de un lenguaje coloquial pero elegante. De esta manera, el lector casual, bombardeado por mil fuentes de ocio, empatiza rápidamente con la historia (vive la experiencia de consumir literatura con la cercanía de la narración de un amigo, nada de pomposidad).
El resultado es el éxito de ventas que ya conocemos, pero... ¿por qué funcionó?
3) Lo correcto y lo adecuado
Nadie lo sabe.
Predecir el éxito literario es imposible. De no ser así, sabríamos dónde apuntar antes de disparar al teclado. Hay géneros de masas y otros de nicho, y, a su vez, autores con un imaginario propio que trascienden fronteras y convierten sus obsesiones en iconos culturales. Sí, Pennywise, te miro a ti.
Si analizamos las trayectorias de estas voces, podemos extraer patrones curiosos. Quizá escriba otro artículo sobre ello.
En el caso de Reina Roja y Juan Gómez-Jurado, ser un buen comunicador juega indudablemente a su favor, pero un éxito como el suyo no se sostiene si las decisiones creativas son erróneas.
Consideremos el lenguaje. Transmite cercanía y empujar una lectura fluida. En mi opinión, es el principal motivo de que te embobes en las primeras páginas, unido a la extravagancia que Antonia Scott demuestra en el preludio.
Como autores, debemos cimentar nuestro cómo en base al argumento y a los personajes. De nada serviría replicar el modelo Reina Roja en una novela de fantasía épica de mil páginas si queremos conseguir una atmósfera reverencial a lo Tolkien, pero la cosa cambia si pensamos en Los Diablos de Abercrombie, ¿verdad?
Una vez que tengamos claro este punto, es el momento de estructurar.
4) Ladrillo, revoco, alfombra persa
Tú eres el arquitecto de tu novela. No hay más.
Leer mucho te proporcionará herramientas para confeccionar tu historia tanto a nivel de forma como de fondo. No hay mejor manera de aprender estructuras que viéndolas, ni mejor juez que tú para saber lo que funciona y por qué (y viceversa). En esto, mi labor como editor ayuda mucho, ya que me obliga a considerar cambios en historias en proceso de maduración. Pero no es necesario descender tanto en la escalera.
¿Funcionará una estructura epistolar en una space opera?
Prueba.
Con los años he ido adquiriendo una manía. Antes de escribir una novela, escribo un capítulo (si es de corte intimista) o unas 50-70 páginas (si la premisa es dependiente de la espectacularidad de la trama) y las dejo marinar durante meses. En el caso de Ciudad Terrible (atentos que asoma la patita), fueron cerca de 100. Seguí una estructura parecida a Megalodon ya que quería conferirle ese ritmo ligero de thriller pseudotecnológico. Lo dejé apartado un año y medio.
Me roía el hipotálamo.
Cuando retomé el proyecto, después de documentarme mucho, las tiré a la basura. Conservé la estructura de la introducción (los nuevos conocimientos le dieron un vuelco) y el prólogo (que perfeccioné, claro). ¿Qué había cambiado?
Sencillo.
Sabía de qué quería hablar.
El enfoque de mis personajes, sus traumas, no asumían una estructura donde brillan los arquetipos y la ligereza. Exigía escenas capaces de encajar monólogos internos de cierta densidad sin resentir cambios ágiles en el punto de vista cuando el enfoque thriller se recrudeciera. También que el inicio fuera lento, alejado de Miguel Sanz, el protagonista. El modelo Megalodon no servía a mi historia.
Esto no lo invalida. Simplemente, al tener claro el enfoque, debía de derribar el armazón y empezar de cero.
¿Podría haber continuado como lo tenía? Sí, pero la historia hubiera sido otra. No sé si mejor o peor.
Distinta.
Y me preguntaréis. ¿Qué pasó ese año para que lo tuvieras claro y sacrificaras tanto trabajo?
5) Instinto
No nos engañemos. Si nos atascamos, si el pensamiento intrusivo de que algo va mal nos asalta con peligrosa asiduidad... Probablemente sea porque es así.
Cualquier toma de decisiones debe fundamentarse sobre el conocimiento y sobre la introspección. Es decir: tener datos y cotejarlos hasta formar una opinión propia. En muchas ocasiones, los escritores lo reducimos a un reduccionismo maniqueo denominado Instinto, en negrita y en mayúscula, cuando en realidad es el resultado de ampliar nuestros horizontes cognitivos.
Si tu instinto te dice que no saltes por el balcón, ¿lo haces? Quizá si hubieras nacido en Bradford necesitarías pensarlo dos veces, pero asumiré que la respuesta es no.
Aquí ocurrió lo mismo. A la detección de un enfoque erróneo le siguió la sospecha de que otro, nada habitual en el thriller, podía funcionar. Mil páginas después, vaya, creo que lo hizo (ya me diréis en unos pocos meses).
La lección es que no pienses en géneros literarios a la hora de confeccionar la trama. Son etiquetas irrisorias usadas por las editoriales y por los libreros para colocarte en la sección adecuada (llamémoslo "venta por afinidad").
6) El punto de vista del lector
Espero que seas un buen lector. No digo un gran lector, tampoco un lector empedernido que no tiene otro hobby, ni oficio ni beneficio. Siempre existen altibajos. Yo mismo me distancié de la ficción novelada durante algunos años en mi etapa universitaria. La Historia es lo que tiene (aunque aproveché para alimentar mi imaginario con otro tipo de lecturas).
Por eso es bueno rodearse de amigos que sean malos lectores. En esto insistiré en casi todos los post de Escribe con Héctor. No escribimos para el aire, aunque lo hagamos desde la soledad de nuestros despachos (en el insólito mejor de los casos). Lo hacemos para que nos lean.
Si tu objetivo es reservarte tus escritos para ti, nadie juzgará tus decisiones creativas. Tampoco profesionalizarás la escritura. Y está bien, escribir es un arte. Yo mismo dibujo de tanto en cuando los monstruos de mis novelas, la heráldica... y se me da fatal (he ido compartiendo cosillas en redes, honor).
Asumiré que si has llegado hasta aquí en lugar de estar visualizando reels es porque quieres profesionalizarte.
Lo primero que debes impedir es que el proceso mate tu pasión. Nunca. Jamás. Bajo ninguna circunstancia.
Si sientes burnout... desconecta.
Ya sé que es difícil. El sistema premia la productividad. El tiempo que no dediques a crear es tiempo cautivo en una realidad que quizá no te sea del todo agradable.
Piensa lo siguiente. Sin todo eso que te hace tú (tu infancia, tu carácter, tus relaciones sociales, tu rol laboral, tus gustos, tus aficiones), ¿qué queda?
Una carcasa.
Una puñetera carcasa.
Si te abandonas, tu escritura se resentirá, y para escribir textos sin alma ya existe ChatGPT. No pierdas el tiempo.
Lo segundo es el punto de vista del lector. Piensa en ese amigo que te comentaba antes. Queda con él para tomar un café (soy adicto, sorry). Hazle la tramuña y terminad en una librería. Obsérvale.
¿Qué cubiertas llaman su atención? ¿A qué secciones se dirige? ¿Lee las sinopsis? ¿Le sirve para descartar libros sin abrirlos? ¿Qué busca en la primera frase? ¿Cuánto lee antes de comprar o de devolverlo al anaquel? ¿Hace un repaso rápido de la estructura?
Seguro que te suenan comentarios como: "Está en primera persona, qué guay"; "Es que con esa portada me lo compro seguro"; "Sí, creo que este es el rollo de Lucía". O el temido "Uff, qué coñazo", y eso que no ha terminado el primer párrafo.
Como hemos dicho, la trama estructura la sucesión de acontecimientos de la obra. Queremos que nos lean, así que debemos organizarla de forma atractiva para que nuestros libros terminen en esa bolsita de tela del Re-Read que Carlos lleva a todas partes. Y, por supuesto, debemos prestar atención a que el cierre deje a nuestro lector con la cubierta en los muslos, el cráneo echado hacia atrás y un suspiro atónito rompiendo contra los labios.
En cristiano: conseguir que envíe un WhatsApp a su librero de confianza pidiéndole que encargue otro de nuestros libros a la distribuidora.
¿Cómo hacerlo?
7) Tus gustos, mis gustos
Retomemos la etapa de aprendizaje.
Consideremos que solo eres un buen lector porque tu tiempo disponible para la escritura compite con el de la lectura (y, desde luego, debería condicionar las lecturas que consumes). Coge papel y boli y apunta los cinco primeros títulos que te vengan a la cabeza que te han gustado. ¿Listo? Ahora procede con los que no.
Este ejercicio es muy útil. Vamos a acotarlo.
¿Qué te atrapó de su inicio? ¿Qué te pareció el final? ¿Existe un patrón?
Seguro que sí, a pesar de que un libro que pertenezca a una categoría puede tener aspectos de la otra (amo Drácula, pero el final me parece una M).
Identifica ese patrón e intenta que tu inicio y tu final te gusten a ti.
8) Caso práctico: MIMO y Mo-Ho
Dos de las novelas que he publicado tienen estructuras anómalas.
En el caso de MIMO, tenemos a un asesino en serie cuyos crímenes recrean ciertas obras literarias. ¿Qué lo diferencia de tantos otros?
El enfoque.
Por un lado, quería hablar de cierta frustración social y personificar el descontento popular en un fanático con ínfulas de cruzado. Por otro, opté por una estructura exclusiva, una mezcolanza del clásico thriller policiaco con Carrie.
La novela va de A a B, con un prólogo que ocurre antes de la acción. Pero, entre capítulos, encontramos información diversa: informes psicológicos, recortes de prensa, diarios de la Guardia Civil, escenas en platós televisivos... Cuando el lector termina el libro no solo sabe lo que ha visto a través de los ojos de los personajes (lo que han sentido), sino el impacto que han tenido los acontecimientos en la psique colectiva.
¿En qué orden se distribuyen?
Pensad en un maestro de orquesta.
Lo que queremos es orientar los sentimientos del lector. Si después de un extracto literario tiene lugar una escena macabra, el lector esperará que el patrón se repita; puedes romperlo a tu favor para generar desorientación. Si el ritmo decae, un informe de investigación puede acelerarlo. Si queremos arrojar luz, podemos introducir un relato que más tarde tenga peso en la narración. ¿Y qué hay de enfurecer con un tertuliano que está a favor del asesinato de inocentes para reducir la presión de la Seguridad Social? Menudo H de P.
Respecto a Mo-Ho, evitamos el gancho del prólogo remoto (muy útil, por cierto) para escoger una aparente linealidad.
¿Por qué aparente?
No por los flashbacks, que se tratan como parte de los monólogos internos de los personajes (los traumas son un sostén psicológico para las dinámicas de la familia Díaz), sino porque hay una intención trazada de antemano. Toda la novela sigue un ciclo X-Y-Z.
X: Capítulo ágil, formato thriller, dividido en escenas.
Y: Capítulo intimista, posicionamiento, dividido en escenas.
Z: Capítulo de descubrimiento, nuevos puntos de vista, escena única.
Y repetir.
De esta manera, conseguimos que el lector fluya por el libro. El capítulo X es una recompensa inmediata (pasan cosas), el Y baja el ritmo pero profundiza en el mensaje de la obra (en la belleza nostálgica) y el Z permite terminar la lectura de un capítulo entero en 4-5 páginas generando suspense (conspiraciones futuras).
Funcionan como el mecanismo de un reloj. La trama avanza y sabemos que la bomba está debajo de la mesa mucho antes de que se sienten nuestros amados personajes.
Conclusiones
Todo esto está muy bien, Héctor, pero es aire frito. ¿Qué puedes decirme que mejore mi escritura de inmediato?
Como suele decirse, milagros a Lourdes.
La tecnología ha venido a revolucionar el mundo, y la IA lo está haciendo, es evidente, pero el arte, por definición, tiene alma. El resultado de una transfusión desde el artista. Un texto creado por IA es plano. Un diseño, funcional. Pero aquí estamos hablando del proceso de creación humano y en él no existen atajos. No que yo sepa.
Con toda esta información, mi consejo es que la interiorices y te cuestiones a ti mismo y a tu manuscrito. Que iteres. Poco a poco, te saldrá mejor. Y un día, cuando menos te lo esperes, echarás la vista atrás y verás el camino que has recorrido, aunque el futuro siga poco definido.





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