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Lo que aprendí al construir mi parque temático de dinosaurios

2 sept
10 min de lectura


Introducción


"No hemos reparado en gastos".


La frase que pronuncia John Hammond en Parque Jurásico sintetiza la verdadera esencia de construir un parque de dinosaurios: quemar dinero.


Y, cuando digo quemar, quiero decir coger un lanzallamas, los ahorros de un reyezuelo africano, y prenderlos fuego. Hay imperios que salen más baratos que un parque de dinos. Por suerte, antes de que cierres esto, te diré que no vamos a hablar de economía (zZzZ disipándose con un suave zZzZumbido).


Para escribir Ciudad Terrible, tuve que salir de mi zona de confort e investigar sobre un sinfín de temas, algunos muy interesantes (paleontología) y otros no tanto (secreto de Estado). Quizá lo que debería decir es que "no he escatimado en documentación". Pero tengamos presente que el objetivo era, y sigue siéndolo, entreteneros. Que vuestra visita por el parque se convirtiera en la experiencia de vuestras vidas.


Vamos a ver cómo lo diseñé, qué aprendí y por qué deberíais leerlo para aplicarlo a vuestros proyectos.


Andrés Aguirre realizó el fantástico mapa de Ciudad Terrible a partir de los bocetos que utilicé para construir la historia.
Andrés Aguirre realizó el fantástico mapa de Ciudad Terrible a partir de los bocetos que utilicé para construir la historia.


1) Los antecedentes


Comencemos por lo breve, casi de pasada: los antecedentes.


Es difícil ser pioneros en una disciplina, con independencia de la que escojamos. En la literatura, siempre habrá autores que habrán explorado un escenario, o tema, similar al que buscamos para nuestras novelas. En la vida real, también.


La innovación llega de combinar elementos de una manera novedosa, o de vestir esta combinación con un traje nuevo (lo cual, en el fondo, no es tan innovador...). El lector avezado reconocerá estas referencias y quizá las denomine "inspiraciones". No tiene nada de malo. Es como progresa la humanidad: iterando.


En el caso del parque de dinosaurios, diréis: Parque Jurásico. Y sí, pero también Carnosaur, La isla del doctor Moreau... En lo referente al entorno, al ecosistema. Esos autores ya se habían enfrentado al problema desde distintas ópticas. Cada uno había aportado su solución.


Luego, podríamos hablar de los arquetipos de personajes, de las dinámicas sociopolíticas, de las relaciones de poder... Esto no siempre aparece en las novelas. El foco está en el mundo real.


¿De dónde recibe la inversión un parque temático y museo como Dinópolis? ¿Y los espectáculos itinerantes que recorren la Peninsula Ibérica transportando dinosaurios animatrónicos? Si quisiera un T. rex animatrónico, ¿cuánto tengo que desembolsar? ¿Cómo funcionan los parques avanzados de Asia y EE.UU.?


¿Y la robótica? Recordemos que, en Ciudad Terrible, los dinosaurios son robots hiperrealistas. ¿Qué auditorías, legislaciones, problemas orbitan a la robótica? ¿Cómo anda el "asunto de la IA"?


Enfrenté la investigación haciendo lo que la compañía malvada quería hacer con el Parque Jurásico: ingeniería inversa. Leí novelas, artículos, ensayos y manuales y fui desgranando la información en piececitas manipulables: así se presenta el worldbuilding al lector (porque eso es, al fin y al cabo), así se puede transportar material radioactivo entre países, de esta manera se financian las grandes tecnológicas, este tipo de movimientos de regulación tendrían mayor peso de existir mi parque, un dinosaurio real se comportaría de esta manera, si uso ciertos materiales el desgaste lo volvería inviable...


Una vez desgranado al máximo (como decía Orson Scott Card, si hubiera leído más, el resultado hubiera sido mejor, pero ese proceso es infinito), llega el turno de montarlo a tu manera.



2) Diseñar un ser vivo


El título de la sección es un oxímoron.


Mis dinosaurios son robots. Ya hay muchos "normales" en la ficción. Buscaba algo familiar y, a la vez, desconocido.


El mundo actual está dominado por la IA: lidera las discusiones en redes, las pipelines corporativas y las pestañas de autoayuda de nuestros navegadores web.


La robótica, en cambio, lleva décadas a la sombra de su homóloga cinematográfica. Un brazo de una cadena de montaje es tan robótico como un androide.


La diferencia radica en la integración tecnológica. Cuando al robot le añadimos un cerebro complejo (bajo nuestra aparente supervisión), el resultado abre un sinfín de puertas, tanto éticas como filosóficas, comerciales y de uso.


Uno de los personajes de Ciudad Terrible, Mustafá Bhaskar, introduce estas variables en la ecuación de la vida: órganos + sentidos + cerebro. Es maniqueo, pero recordemos que se trata de una novela (entretener, entretener... esos capítulos, aburridos de por sí para la mayoría de lectores, aunque necesarios, pueden convertirse en un infierno).


Es decir, un ser vivo tiene un cuerpo físico que obtiene información del ambiente, la procesa y ejecuta una respuesta. Dejemos el alma a un lado. Nuestros dinosaurios robot deben cumplir con notable alto en las tres categorías. La biología, como dice Mustafá, es la mejor maestra de la robótica.


Su explicación continúa al sustituir estas variables por chasis, sensórica y robótica. La ciencia da respuesta a cada elemento de la vida. El cuerpo físico, hecho con materiales que permitan la movilidad, las funciones de mantenimiento ("vitales"), etcétera. Los sensores para captar información del ambiente. Y la CPU para procesar esa información y responder.


Imitar la vida exige dar un paso más. Una réplica de un deinonychus debe comportarse como tal. Alimentaremos su cerebro artificial con bases de datos de estudios paleontológicos, al punto de que la ciencia parezca magia, cuando en realidad son terabytes de datos. El robot que pongamos en nuestro parque tomará sus propias decisiones en base a un patrón conductual que hemos definido en su ADN digital.


Y, lo que es más increíble: aprenderá.



3) El ecosistema


Una vez definido el comportamiento de nuestros dinosaurios, necesitamos un lugar donde meterlos. Un parque, o un zoo. Reconozco que pensé en Rascapiquilandia al diseñar el mío.


Diseñar un ecosistema requiere un proceso similar a construir los paisajes de un mundo de fantasía. Muchos autores se quedan en la superficie, en lo que denominaremos "nivel estético". O bien exageran aspectos para lograr un efecto maravilla rápido y funcional.


Tomamos como ejemplo la siguiente descripción: "El castillo se situaba en la ladera de un volcán activo, y el foso era de lava. Al atardecer, durante el cambio de guardia, una nube tóxica se elevaba desde el cono y apresuraba la noche. A Nyl le resultaba extrañamente magnético, a pesar de que era consciente de los peligros que entrañaba para su delicada salud".


Un lugar así mola, pero yo pienso: ¿quién lo habita? ¿De qué se alimenta esa gente? ¿Cómo es la flora y la fauna local?


No es necesario impregnar cientos de páginas con esta información, podemos añadirla en índices, ensayos y materiales adicionales a nuestras historias... y mostrarla en escenas que avancen los arcos y las tramas, o mediante pensamientos aislados integrados en acciones y monólogos internos.


Por ejemplo: "Nyl se sacudió la ceniza de las piernas. Odiaba ese lugar. La manera en la que la nube tóxica cubría el cielo al atardecer, las cosquillas en la garganta que le impedían conciliar el sueño, la carne reseca de las cabras de la montaña, cuya piel tenía más en común con el basalto que con la de sus parientes meridionales".


Lo que trato de decir es que cualquier lugar inventado debe obedecer a una lógica interna, salvo que el planteamiento sea disparatado o satírico. Un asentamiento humano requiere agua dulce, medidas defensivas adaptadas a la tecnología disponible y a los peligros que lo acechen, y un sistema socioeconómico que lo sostenga. ¿Qué necesita un parque de dinosaurios?


Contamos con la ventaja de que el material que moldearemos se denomina Mundo Real. La ubicación la escogemos nosotros. Yo lo situé en Teruel por razones históricas, pero lo que hice fue "terraformarlo".


  • En primer lugar, lo aislé: cualquier "valle encantado" ubicado en el mundo real requiere de barreras geográficas. El lector, convertido en aventurero y visitante, debe de tener la seguridad de que acaba de adentrarse en un lugar ignoto, donde las reglas que estructuran su vida han cambiado. La frontera existe y separa ambos territorios. Ciudad Terrible tiene altos muros de hormigón, una puerta para visitantes conectada con Dinópolis y un acceso complementario (protocolario y de suministros). Lo que ocurre en Ciudad Terrible, se queda en Ciudad Terrible.

  • En segundo lugar, lo reverdecí: mi parque no podía ser el páramo que había elegido como emplazamiento. Utilicé los elementos naturales (montañas, colinas) y añadí vegetación y cuerpos de agua. Como la novela se fundamenta en las tecnologías en auge, utilicé la impresión 3D para crear los árboles. Hay empresas que fabrican casas de esta manera. De esta manera, tendríamos los árboles que quisiéramos, de cualquier época, sintéticos.

  • A continuación, edifiqué: y es que, ¿qué sería de un parque temático sin atracciones? Ver dinosaurios robóticos con la apariencia de los reales mola de por sí, pero la experiencia puede (y debe) ir más allá. Cada atracción es una oportunidad de establecer particularidades en una sección concreta, como ocurre con las aldeas, puertos y mazmorras en la fantasía, y cada particularidad tiene un potente valor narrativo. Por ejemplo, el Pteroteleférico que conecta con la cumbre del Risco del tiranosaurio hace que los visitantes tengan acceso a vistas (y experiencias) insólitas, distintas a un paseo a pie por las montañas. Lo mismo ocurre con la Granja del ceratópsido, donde los triceratops pastan tras cercas texanas y los niños pueden acariciar a las crías.

  • Por último, poblé: porque sin puntos de vista, lo anterior es un bonito decorado. El lugar condiciona a sus gentes. Para que el parque funcione, necesité informáticos, oficinistas, personal con entrenamiento militar... Cuyo carácter está condicionado por su peso narrativo y su labor. Es el equivalente de los marineros y pescadores de un pueblo costero en una novela histórica. Lo que hacemos nos condiciona. El personal de Ciudad Terrible existe antes de que los protagonistas visiten las instalaciones y son los engranajes de su funcionamiento.


Claro que, en una narración así, la promesa es que todo saldrá mal.


Nadie puede basar la ilusión del control en un algoritmo. Los dinosaurios, reales o robóticos, son peligrosos en la misma magnitud que cualquier animal salvaje. Los hemos diseñado para que lo sean. Si omitimos que habrá cientos de auditorías, instituciones y corporaciones inspeccionando hasta el más mínimo detalle en busca del fallo, perderemos la credibilidad del lector, y con ella su confianza.



4) Las medidas de control de riesgos


Si nuestros personajes razonan como personas normales (y nos conviene que sea así), pillarán al vuelo las mil pegas que tiene nuestro parque de dinosaurios. El cine ha aportado su granito de arena, claro.


Nuestra creación tiene criaturas capaces de partir a un humano por la mitad (algunas deseosas de hacerlo), plantas artificiales y decenas de materiales potencialmente contaminantes. ¿Qué efecto tiene la fotodegradación de helechos de plástico? ¿Podrá una alambrada ornamental impedir que un niño se acerque a un tiranosaurio? ¿Y qué asegura a las parejitas románticas que el monstruo marino no hundirá sus barcas?


Planificar un parque de dinosaurios es una tarea que debemos tomarnos en serio. Por ejemplo, podemos utilizar materiales que resistan más tiempo las condiciones meteorológicas de nuestra ubicación y establecer protocolos auditados de control, reemplazo y medición de la contaminación del suelo. Suena convincente, y una discreta búsqueda en internet puede ayudarnos a saltar ese bache con elegancia. Cuando el personaje A mencione el riesgo, B, personal del parque, levantará el índice y dejará claro que lo han tenido en cuenta.


El lector asentirá. En media página o menos, habrás reforzado el worldbuilding y su credibilidad.


Respecto a los dinosaurios, lo tenemos más fácil que con sus parientes biológicos. Un robot puedes apagarlo con un mando a distancia, haciendo muchas cruces. Transmitiendo la información que queramos en ondas, al igual que sucede con la televisión, el superordenador central (Mercurio, en mi caso) puede inhibir los comportamientos amenazantes.


¿Y si falla? Al lector hay que darle, mínimo, un segundo cortafuegos, porque ningún proyecto (estatal, corporativo) que se precie se lo juega todo a una única carta. En Ciudad Terrible, esparcí sensores perimetrales por el parque, que, al detectar a un dinosaurio, lo alejaban. Así maté dos pájaros de un tiro (paleochiste): contuve a cada robot en su parcela y evité que se comieran a las personas. Si fallaba Mercurio, los sensores suprimían las conductas depredadoras y violentas, y viceversa.


Os preguntaréis el motivo de por qué no incluí las leyes de Asimov en cada ejemplar. Narrativamente, puede justificarse de mil maneras. En mi caso, por falta de espacio. Los dinosaurios "descargaban su conducta en local" y accedían a las limitaciones comunes "en la nube". Una mera limitación técnica.


La razón es que una fortaleza inexpugnable no genera historias.



5) Las grietas del Edén


Según la tradición cristiana, la humanidad fue expulsada de los jardines del Edén por caer en la tentación y comer la manzana. Este antiquísimo ejemplo ilustra cómo un sistema aparentemente inquebrantable (los jardines de Dios) se venía abajo por una pequeña grieta.


Cualquier sistema es falible. El lector, de hecho, espera que falle. Existe un placer perverso en ver cómo se derrumba un castillo de naipes.


Si mi parque de dinosaurios no tuviera una pequeña falla informática, los dinosaurios no se hubieran descontrolado, y la novela sería un tostonazo de abogados, paseos y litigios. Pero la tiene, porque la naturaleza humana es imperfecta. Un único individuo que coloca un ladrillo sabe cómo demolerlo, cosa que hará para vengarse. Como dijo Alfred en Batman: "Hay hombres que solo quieren ver arder el mundo".


Hemos definido unas reglas que ahora dejan paso a las hostilidades. En última instancia, el objetivo será volver a imponerlas, huir (y abandonar) ese lugar, o destruirlo.


Llegados a este punto, tenemos localizaciones, personas, tecnología... Elementos que retorceremos para empujar la narrativa.


Me gusta seguir el método MacGyver. Tomar esos medios y revertir su función original. Por ejemplo, usar una enciclopedia paleontológica portátil para ahuyentar a un terópodo, al ser capaz de reproducir los rugidos de otro animal. Es una manera ingeniosa de no sobrecargar con novedades y alejarnos del oportunista "lo hizo un mago" o "se nota la mano del autor; ese personaje estaba muerto". Cada solución debe leerse natural, lógica y con la pretensión de que el lector piense "coño, lo tenía en las narices y no me había dado cuenta".



Conclusiones


Llegados a este punto, solo me queda decirte que en la sección dedicada a Ciudad Terrible puedes leer los capítulos de prueba. La adquisición de la obra no solo me apoya como escritor joven, sino también a Editorial Veintinueve, un sello de reciente creación que lucha por hacerse un hueco en el mercado.


Fuera publicidad, hago hincapié en que el proceso de creación de un parque de dinosaurios puede aplicarse a cualquier novela, solo cambia la escala. Una obra de corte realista necesitará menos pasos (por ejemplo, la cultura corporativa de la empresa Y o la estructura de la secta Z), mientras que un mundo de nuestra invención requerirá seguirlos todos para cada nueva localización, siempre que sigamos la premisa de que nuestros escenarios no son meros decorados.


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Héctor Peña Manterola ©2026

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