Radiografía de un instante

 



Algo que comparten la mayoría de los manuales de escritura creativa es la incertidumbre sobre los comienzos. Los escriben autores en el pináculo de su fama, lo cual tiene lógica, ¿no os parece? Antes de atreverse a dar lecciones uno debe interiorizarlas. Conectar el cerebro con la boca o, en este caso, con los dedos.

Eso está genial, pero echo en falta más detalle a la hora de describir la franja gris entre el anonimato y el éxito. En Mientras escribo, Stephen King dedica un montón de páginas a contar su vida, sus fracasos y, de repente, Carrie enciende la chispa. Pero yo me pregunto: ¿cómo fueron esos primeros años entre la publicación de Carrie y finales de los 80, cuando pudo vivir de pleno de la escritura? El periodo en que dejó su trabajo, la redacción de El misterio de Salem’s Lot y El resplandor… Es decir, uno, la mayoría de los aspirantes, podemos empatizar con la primera etapa y soñamos con la segunda, pero ¿qué pasos dio en el proceso?

Con las clases de Sanderson ocurre algo parecido. Incluso recuerdo apuntarme a finales de 2021 las clases de Gómez-Jurado con la esperanza de aprender sobre el primer contacto y lo único que dijo fue que tuvo suerte: la agente literaria se fijó en el manuscrito de un autor novel y el éxito creció con cada publicación.

Ante la falta de datos (¿deliberada?), he decidido dar mi testimonio. Es evidente que no puedo compararme con los arriba descritos: a fin de cuentas, a pesar de las publicaciones, hay que achicar agua o el bote se hunde. Y, en paralelo, echarle el catalejo al galeón del horizonte con la esperanza de abordarle más pronto que tarde.

Hablemos de 2023, que hoy llega a su fin. Para entender cómo en poco más de un año he publicado tres libros por edición tradicional y he firmado el cuarto para dentro de unos meses, debemos rebobinar hasta ese 2021. A mediados de año, antes de mudarme de Madrid a mi Cantabria, escribí un manuscrito en 15 febriles días: Cristales rotos, una mezcla de novela negra y terror paranormal que transcurría en Ámsterdam. En diciembre se la envié a Editorial Titanium y, algunos meses después, me reuní con Adriano, responsable de la sección de manuscritos, en persona. Dio la casualidad de que por aquel entonces trabajé como comercial para una empresa de recursos hidráulicos y neumáticos: escribía por la noche y en los descansos para fumar, ya que yo no fumo. Mantuvimos una conversación y le comenté acerca de otro proyecto que tenía entre manos, detenido a los 17 capítulos o así: Cabárceno. Le cautivó, y más tarde cautivó al editor. La idea era poderosísima: un lugar tan icónico en Cantabria, autor cántabro, editorial cántabra… Lo único pichím-pichám era que combinaba dos géneros de ventas escasas, terror y ciencia ficción, pero tuvo un pase. Resultado de la motivación me centré en abordar los más de veinte capítulos que necesitaba la obra, con un narrador mucho más atractivo. Para finales de marzo habíamos firmado el contrato.

Así entré en esto: sin tener ni pajolera idea, con algunos libros que habían pasado sin pena ni gloria, varios relatos publicados en antologías, y un accésit. Antes de la publicación de Cabárceno recibí otro premio por otro relato. Mi consejo hasta este punto es el siguiente: escribid lo que os salga del corazón, sin pensar en su publicación, pero no dejéis de hacerlo, de aprender de otros autores, y de probar estructuras nuevas. Yo envié Cristales rotos, pero cada día seguí trabajando en el primer borrador de MIMO, en Cabárceno, y en un montón de cuentos y una novela corta que este año han visto la luz en Mecánica de fluidos.

A veces puede parecer que no existe esperanza. Que escribimos… para perder el tiempo dándonoslas de intelectuales. Que otros reciben contratos de grandes sellos no por su calidad, sino por su profesión, renombre o temática comercial. Pero yo os planteo otra pregunta: ¿qué escritores se siguen editando años (¡o siglos!) después de su muerte?

En efecto: los valientes. Las historias que rompen el molde no son las que encajan en él. A priori pueden parecer una basura o, casi que peor, una idiotez que además te define como a un idiota. Pero a nadie le gustan los clones. Y, a día de hoy, abundan.

Cabárceno vio la luz la última semana de octubre de 2022. Es el punto de giro que marcó todo 2023, de cabo a rabo. Sí que es cierto que empecé el máster en Edición y que, a su término en junio de 2023, volví a mudarme a Madrid, pero el cambio de enfoque se dio a raíz de la publicación. En el momento en que tu primera novela llega al mercado de masas, te enfrentas a una muchedumbre lectora no siempre formada por buenas personas. Hay auténticos mamarrachos dispuestos a sacarte los colores por cualquier tontería. He aquí alguna: erratas y gazapos (3 por cada 10.000 palabras es lo aceptable en primeras ediciones; mis libros los reviso 3 o 4 veces+1 o 2 del corrector+1 o 2 lectores beta y siempre se cuelan unas cuentas, por visión de túnel o lo que sea), personajes radicales que ofenden a simpatizantes, gente sin humor, haters que buscan destruir a la “competencia” (really? jamás somos competencia en Literatura)… y más.

El ciclo de vida de una novela involucra tres campos de batalla: presentaciones, firmas y Ferias del Libro. Aquí podemos introducir festivales. Esto significa que, una vez agotado el poder de convocatoria, atraerás a poca gente. Si vienen será por empatía (lugar, temática) o por buena promoción y, no nos engañemos: poca gente acude a las presentaciones de los desconocidos. En las firmas es venta directa y el posible lector siempre parte del rechazo: eres otro comercial aburrido intentando colocarle un libro a alguien que ha acudido a la librería con otra idea. En las Ferias, el tuyo es otro entre tantos. Si te refugias en un público concreto (novela negra, romántica) se tiene más fácil en los eventos generalistas: el posible lector puede disfrutar más o menos de la obra, pero al menos sabe que es de un tipo que le gusta, y son géneros mayoritarios. Las obras transgresoras son más difíciles de vender y, como el resto, pueden gustar o no.

De aquí extraigo la siguiente conclusión: segmenta el mercado y define a tu público objetivo aunque tu novela rompa el molde. Puedes inspirarte en las obras que te han influenciado y, si crees que la inspiración es 100% original, te estás engañando a ti mismo. Cierra los ojos y medita. Cada escrito combina los estímulos que recibes a diario con tus gustos, educación en la infancia/adolescencia y, y… En fin, con tu vida.

En enero de 2023 terminé el borrador final de MIMO y firmé con Editorial Fanes, del mismo grupo que Titanium. En 2022 escribí otras novelas y relatos que guardo porque no encajan con la marca de autor que quiero labrar a corto plazo. Esto es importante para abrirse hueco. Estos dos últimos años he trabajado con dos vertientes: una destinada a mantenerme en la brecha, con una publicación anual, para no caer en el olvido. Empujar la rueda, vaya. Otra, la escritura de aprendizaje. Novelas que una vez el molde estalle puedan salir a cascoporro, o poco a poco, como subproductos, para abrirme a otros nichos de mercado. Con estas se pueden practicar diferentes estructuras y tipos de personajes que sirven para enriquecer cualquier narración.

Firmado MIMO, 2023 estaba cubierto. La novela debía haber visto la luz en septiembre, pero se retrasó hasta diciembre. Esto destrozó la temporada navideña: se juntó con Mecánica de fluidos, antología de la cual hablaré en breves, y no llegó a tiempo a La Casa del Libro y El Corte Inglés, mis principales puntos de venta en Cantabria. En 2022, Cabárceno se vendió mucho gracias a que la gente de la provincia la veía expuesta y se atrevía. Este año, debido a la mala gestión, no ha podido ser. No pasa nada.

Para descansar después de varios meses intensos, en febrero de 2023 comencé un ensayo sobre Stephen King que en realidad sirvió como excusa para aprender del maestro, y saqué muchos relatos y cuentos del cajón que reescribí y junté en una antología. Para redondearla, anoté temas que echaba en falta y quería incluir: terrorismo, dinosaurios, alienígenas… Es difícil colocar una antología, pero me muevo en un mercado pequeño y la temática de algunos escritos permite ampliarlo. Después de rebotar firmé un contrato con Editorial Cuatro Letras, que estaba empezando y me convenció gracias a su iniciativa social. Me permitieron añadir cinco relatos que a priori desentonaban: dos de ciencia ficción teórica, los dos relatos premiados, y un quinto que escribí para el máster.

El resto del año lo dediqué a seguir aprendiendo. Escribí una novela larga, un drama familiar con numerosos elementos de terror, que firmé a mediados de diciembre y que verá la luz en 2024. También una novela de aventuras cortita (space opera) y comencé la reescritura de una obra larguísima que he decidido dividir en una trilogía. Casi termino la primera parte.

Es decir: entre enero de 2022 y enero de 2024 he pasado de tener cero contratos firmados a tener 4 y tres de ellos con obra publicada. Además, en vez de dos primeros manuscritos no publicados, ahora tengo cinco. A veces los escucho susurrar, pero… ya les llegará. La vida da muchas vueltas y todo pasa por empezar a girar.

No soy ni King, ni Sanderson, ni Gómez-Jurado. En enero cumplo 29. Anoto mis ideas en múltiples cuadernos. Pero hay algo que nunca me ha fallado: trabajar a diario con la mente abierta e infinitas ganas de aprender. Ya estoy trabajando en proyectos para los próximos años, secuenciados en base a la documentación necesaria para abordar cada uno, con diferentes ritmos narrativos, y mucha energía. Y, quién sabe, quizá algún día llegue a escribir algo realmente bueno.

Espero que entre tanto monólogo hayas encontrado algo que hacer tuyo. Sigue intentándolo. No te rindas. Poco a poco el éxito llegará y, en la cima, bailaremos juntos.

 


Comentarios

Entradas populares