Invierno: Resumen de 2021 y propósitos para 2022.

 


De pocas estaciones se ha hablado más que del invierno. Derrotó, entre otros, a Napoleón. Trajo a este mundo al niño Jesús de cara a los seguidores de la religión cristiana. Nos obliga a resguardarnos, a ver la lluvia caer al otro lado de la ventana y a encender una luz junto a la mesita. Incluso, si le añades la palabra nuclear a la derecha, se convierte en una combinación más poderosa que el whisky con hielo.

Para mí representa muchas cosas. Entre ellas, también mi nacimiento. Hoy vamos a hablar brevemente de logros y de fracasos, ya que no quiero que se convierta en una oda al narcisismo, sino en un repaso a los proyectos fallidos y a los exitosos.

El pasado año para mí ha supuesto un año de consolidación como autor. Recibir el premio Generación Pandemia junto a la publicación de una antología que recogía dos de mis escritos supuso un inicio soñado. No hubo más premios a pesar de que confieso haber participado en numerosos concursos y certámenes (incluso en el Premio Planeta), salvándose un pequeño juego de palabras de Instagram.

La publicación de otro de mis relatos, Rosa y espinas, en una antología, también supuso un pequeño pasito más (casi como un bebé gateando), el cual fue seguido por la siguiente obra publicada: Mimo, de mayor extensión. Un auténtico cuento de terror y, dicho sea de paso, una obra de la que me siento bastante orgulloso.

Y no nos olvidemos de la presentación de El Ministro del Silencio en la Sala Bretón de El Astillero, a pesar de la pandemia. A ella la pudimos sumar la lectura del poema Balas Perdidas en el evento realizado en la Asociación Octubre y la profesionalización de la página web.





El culmen del año fue sin lugar a dudas la publicación de Magdalena, mi segunda novela. Quizá no esté al nivel de las grandes obras de King o de J.K. Rowling, pero los seguidores de la web y yo nos hemos divertido mucho con la cruda aventura de la protagonista. A lo largo de todo el año pudimos seguir su camino, y aprovecho para confesaros algo: no es la única novela que he escrito en 2021.

Tras muchos cambios (incluso de domicilio, al volver a Cantabria desde Madrid) y viajes, comenzamos 2022 con tres ciudades nuevas en la maleta donde poder ambientar nuevas historias: Ámsterdam, Milán y (la más reciente) Dublín. Viajar es una manera maravillosa de abrir la mente a nuevas formas de vivir, de conocer más, de descubrir el mundo que nos rodea ya que está ahí fuera, no en los libros. Pero entre viaje y viaje, nos quedan las hojas.

También el pasado seis de enero uno de mis relatos más tétricos, Niño pollo, escrito entre Nochebuena y Nochevieja del año pasado, fue publicado en la Revista Literaria Terminus. Ya sabéis que soy una persona muy crítica, pero creo que merece la pena leerlo. Es breve y deja mal cuerpo. 

Así que ante la pregunta: ¿Qué nos depara 2022?

Mi respuesta es: A vosotros no lo se (deberíamos de insertar un poco de humor aquí), pero en lo que a mí respecta, espero que finalizar la publicación de esa otra novela escrita en 2021, completar dos borradores que tengo activos, y seguir luchando por participar en eventos, publicar relatos, entablar más amistades, leer infinidad de obras y viajar mucho. 

Porque al final yo no tengo ni idea de lo que es la vivir, pero creo que debe de parecerse mucho a amar, viajar y escribir.

PD: Hay muchas cosas preparadas, en ciernes, pendientes del maldito Covid, pero que poco a poco podré contaros. Un abrazo.






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