Magdalena - Capítulo XXVIII - Huida simulada

 


Comienza la batalla final, el último conflicto, el desenlace de todos los caminos

Tras casi un año (y como llevo advirtiendo en reiteradas ocasiones) Magdalena llega a su fin. Hoy nos encontramos ante un capítulo corto, pero necesario para situarnos en el ocaso de la novela.

Como siempre, y antes de seguir, aquí tenéis el índice:


LISTADO DE CAPITULOS

Prólogo y Capítulo I - Reencuentro

Capítulo II - Doble-W

Capítulo III - Azul y morado

Capítulo IV - La prisión del tiempo

Capítulo V - El CID

Capítulo VI - El Monstruo

Capítulo VII - Al llegar el alba

Capítulo VIII - Hollyfrey

Capítulos IX y X - Un café con Ángela & Joshua Güendell

Capítulo XI - Vía Muerta

Capítulo XII - Magna Quidem Illustrans

Capítulo XIII - Visita a medianoche

Capítulo XIV - El hombre de sus sueños

Capítulo XV - Alcohol y cocaína

Capítulo XVI - El Movimiento Panonírico

Capítulo XVII - Sangre y vómito

Capítulo XVIII - Caballo de Troya

Capítulo XIX - Marineros de agua dulce

Capítulo XX - Apguul

Capítulos XXI y XXII - La ciudad sin ley & Una teoría del todo

Capítulo XXIII - Visita a medianoche

Capítulo XXIV - Urgencia nocturna

Capítulo XXV - El mismo ataúd

Capítulo XXVI - Sangre de mi sangre

Capítulo XXVII – El reencuentro




Capítulo XXVIII – Huida simulada



El sol cedía la hegemonía a la gran torre que se erigía desafiante bajo el cielo. El prisma de luz verde alejaba incluso a las nubes, y junto a su cúspide flotaba el zigurat donde residía Apguul.

Sreader alzó la vista hacia la columna de tanques. Muchos no pasaban por su mejor momento, pero por suerte el Culto no había conseguido sabotearlos todos. Los Lion-743 aguardaban, silenciosos, el momento en que rugir al son de sus cañones. Pequeños destacamentos de artillería equipados con morteros mantenían un poco la distancia dispuestos a masacrar a la infantería rival, y los cuerpos de reclutas y soldados rasos daban consistencia al frente de batalla. En los flancos, cuerpos auxiliares de policía y derivados se unían a un conflicto para el que no se habían formado. Maykel y Joshua esperaban, impacientemente, junto a la infantería.

Desde la Torre Lemon emanaba un zumbido atronador por culpa de la señal emitida.

- Ahora que la familia Lemon ha muerto, deberíamos cambiar el nombre de este sitio – bufoneó Maykel.

- Torre Mierda, por ejemplo – le respondió Joshua, suplicando su silencio.

Achacando la culpa a los nervios previos a la batalla, Maykel no cerraba la boca. De todo hacía un comentario o una broma, y su amigo ya no podía más. Poco tiempo tendría para seguir vacilando, ya que los tanques comenzaron a avanzar y apuntaron al torreón. Alrededor de la estructura el terreno era yermo y la vegetación escasa. Un perímetro de control y grandes naves industriales separaba al ejército de Cadmillon de su destino.

Antes de que pudieran disparar, cayeron en la emboscada. Un disparo de francotirador abatió a un miembro del alto mando, y los demás buscaron cobertura. Tras unos segundos de desconcierto, los tanques comenzaron a desatar su infierno contra el fortín. Las paredes cedieron con facilidad y los hombres comenzaron a correr hacia la torre, pero en esta ocasión fueron los vehículos del Culto los que salieron de la estructura a través de las salidas laterales. Varios camiones blindados equipados con ametralladoras de diversos tipos y pequeños lanzagranadas comenzaron a atropellar a los infantes mientras los hombres armados con lanzamisiles y los Lion-743 intentaban derribar a los transportes. De ellos comenzaron a escapar fanáticos religiosos armados con rifles, escopetas y pistolas, decididos a retrasar a las tropas de Cadmillon y llevarse por el camino cuantas vidas pudieran.

- ¡Coronel! – gritó un hombre. – El prisionero ha huido.

- ¡Joder! – exclamó Sreader apretando fuerte los puños.

Habían decidido llevar con ellos a Walter Winterlich para minimizar el riesgo de fuga en Nirit y la masacre consiguiente, pero se habían equivocado. El general se acercó a su subordinado.

- Han aprovechado el desconcierto inicial para llevárselo. ¡No pensemos en eso! ¡Tenemos que completar la ofensiva!

De las grietas en los muros comenzaron a salir innumerables Criaturas de la Bruma dispuestas a masacrar a las fuerzas del orden. Gracias a su celeridad, cruzaron la distancia que los separaba de los hombres rápidamente y comenzaron a descuartizar sus miembros. Las armas de calibre medio de los Lion-743 comenzaron a aniquilar a la infantería de choque rival, pero no dejaban de salir de la torre como si esta fuera un hormiguero.

- ¡Pero que no paran de venir! – chilló Joshua mientras recargaba.

Su amigo estaba tan concentrado que ni lo escuchó. Un acólito cargó contra él, pero tras haber incorporado una bayoneta a su fusil, logró atravesarlo en el pecho. El fanático sonrió antes de morir, insensible al dolor pero no a sus efectos. Las orugas de los tanques aplastaron el suelo bajo su peso mientras se disponían a arroyar a sus enemigos y abrir paso a la infantería.

La batalla había comenzado.

 


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