Magdalena - Capítulo XVI - El Movimiento Panonírico

 


Buenos días queridos lectores.

En pleno sorteo activo de un ejemplar de El Ministro del Silencio (si enredáis por mi IG, que lo tenéis en la foto de arriba, veréis como participar o podéis mandar un MP para que os indique como), os traigo el capítulo dieciséis de Magdalena. Tras las emociones fuertes y la entrega desenfrenada al placer de la anterior entrega, hoy nos internaremos en una de esas partes que dan forma a la historia.


LISTADO DE CAPITULOS

Prólogo y Capítulo I - Reencuentro

Capítulo II - Doble-W

Capítulo III - Azul y morado

Capítulo IV - La prisión del tiempo

Capítulo V - El CID

Capítulo VI - El Monstruo

Capítulo VII - Al llegar el alba

Capítulo VIII - Hollyfrey

Capítulos IX y X - Un café con Ángela & Joshua Güendell

Capítulo XI - Vía Muerta

Capítulo XII - Magna Quidem Illustrans

Capítulo XIII - Visita a medianoche

Capítulo XIV - El hombre de sus sueños

Capítulo XV - Alcohol y cocaína



- No sé hasta qué punto estará bien hacer esto…

Las palabras de Benjamín no hicieron más que expresar en voz alta el malestar de sus compañeros. A lo lejos veían una humareda, y el sonido de las ambulancias y de los coches de policía sonaba frecuentemente en la noche.

- Manrilem está perdido, lo único que os aguarda aquí es la muerte. Debemos de reunirnos con los demás rebeldes para poder organizarnos – dijo Maelstrom con tono serio.

El sonido del motor, en ocasiones, dificultaba la comunicación. Se trataba de un modelo robado de furgón policial que el Movimiento Panonírico utilizaba para desplazarse sin riesgo por la ciudad, y aprovechando su cobertura, el recién llegado los estaba escoltando más allá de la urbe.

- Me da miedo dejar a mi hijo aquí, tan solo… - dijo la señora Gyngercloth.

- Taylor ya no es un niño. Por el respeto que le tengo a su padre le deseo todo el bien del mundo a ese chico, pero ya es lo suficientemente mayor como para tomar sus propias decisiones.

- ¿Respeto? ¿Ahora me vienes con respeto? – preguntó ella enfurecida.

- Uno de nuestros agentes ha encontrado a su grupo, estarán bien – respondió Maelstrom intentando tranquilizarla, aunque sabía muy bien de dónde venía la humareda y no tenía muchas dudas qué la había podido provocar.

El furgón atravesó los controles policiales sin mucha dificultad. En Manrilem rara vez se realizaban, pero los ciudadanos temían que con el nuevo alcalde todo cambiara. La ciudad se quedó atrás antes de lo esperado, tomando carretera a Cadmillon.

- Oye, oye, que yo este camino me lo conozco, que soy taxista – dijo Salcedo.

- No estarás pensando en entregarnos o algo.

Una vez más, Benjamín había causado cierta conmoción a todos los presentes.

- Igual es lo mejor, que todo acabe rápido, así podré reunirme con mi querido Marcos – dijo Amanda rompiendo a llorar.

- ¡No digas tonterías y piensa en tu hijo! ¿Acaso él no se merece una vida digna? – le preguntó Alyn agarrándola de los hombres.

- Yo ya no sé ni lo que se merece él, ni nadie. Desde que tu hijo volvió a la ciudad habéis arruinado mi vida.

La señora Gyngercloth miró fijamente a la señora Lorenz. Estaba dispuesta a responderla, a contestarla usando el mismo tono tóxico que aquella víbora había utilizado contra ella, pero evitó hacerlo, así que la soltó y fue a sentarse a otro lado.

- Mi intención no es entregaros a nadie, pero debido a la importancia que tiene Cadmillon nuestra base debe de estar necesariamente cerca de la ciudad – dijo el extraño sujeto en base a las acusaciones.

- Que sepas que no me fío de ti ni un pelo – le respondió Benjamín.

Por mucho que aquel hombre les hubiera dicho que sus compañeros estaban a salvo, había algo en él que no le gustaba. La única del grupo que lo conocía era la señora Gyngercloth y tampoco había dado un veredicto favorable sobre él. Realmente, tampoco tenían muchas más opciones, una constante que se repetía a lo largo de todo su viaje.

- Nadie te ha obligado a venir conmigo, muchacho. Supongo que arriesgarse era mejor idea que una muerte segura – respondió con voz seca el piloto.

Benjamín torció el morro. Sabía que tenía razón. El viaje, por su parte, transcurrió tranquilo, ocultando entre el asfalto y la vegetación que los rodeaba los nervios de los presentes. Ninguno podía de dejar de pensar en lo que había visto. Tras varias horas conduciendo, Maelstrom salió de la carretera. El camino que tomó estaba desgastado por el paso de los vehículos, así que parecía que los llevaba a un lugar transitado.

- Os lo advierto, yo en vuestro lugar cerraría los ojos. Si por un casual os capturan y adivinan nuestra posición, lo que os haré será peor que la muerte. En vuestras manos queda.

A pesar de la amenaza de Maelstrom, ninguno fue incapaz de chocar sus párpados, los cuales estaban más despiertos que nunca. El dolor de cabeza por la falta de sueño no ayudaba.

- ¿Dónde vamos exactamente? – preguntó el taxista.

- Al cuartel general del Movimiento Panonírico.

- ¿Lo qué? – exclamó Giandro.

- ¿Qué cojones es eso? – preguntó Benjamín en el que presuponía su nuevo tono habitual.

- Ellos son los buenos – respondió el antiguo fanático haciendo gala de un tono relajado.

- ¿Allí está mi Garret?

Alyn se había emocionado nuevamente. Por su cabeza no dejaban de volar preguntas sin respuesta sobre su marido, cómo si aún se acordaba de ella y de su hijo, cuánto habría cambiado… lo que más temía era encontrarse con un hombre que no fuera el mismo con que se había casado.

- No, no está allí, pero te dirán dónde se encuentra y como ir hasta él. Si has esperado diez años, mi señora, intenta ser un poco más paciente.

- Es difícil serlo. Tú sabes el tipo de pareja que formábamos él y yo.

- Me imagino lo difícil que tuvo que ser criar a Taylor sola, pero esa etapa ya ha pasado. De lo que hagamos ahora dependerá la eternidad.

- No entiendo por qué tienes que hablar siempre de forma tan mística. ¿Qué se supone que ocurre y qué pintamos nosotros? Somos gente normal a la que están machacando – dijo Benjamín.

- Nosotros no creemos en ningún tipo de elegido ni profecía, eso te lo aseguro, únicamente en gente normal, la misma gente que logró el progreso de nuestra civilización bajo la luz de la ciencia. Ya estamos cerca.

El coche se deslizó a través de la tierra seca y del barro sin hacer distinción, aplastando alguna rama caída a su paso. Por mucho que hubiera tomado una salida de la carretera frecuentada, nadie en su sano juicio habría osado seguirlos en aquel paraje.

- Ahora me dirás que tenéis una base subterránea, cómo en las pelis – afirmó Benjamín de forma satírica.

- Es mucho más simple que eso. Hay que tener cuidado con los que habitan bajo tierra…

El tono de Maelstrom provocó un escalofrío a los pasajeros. A pesar de que la noche comenzaba a disiparse, todo a su alrededor comenzaba a volverse muy oscuro. Pronto, los faros del coche iluminaron las construcciones pobres de una aldea campesina ubicada en una explanada alejada de la mano de dios.

- Es aquí – dijo aquel tipo.

Los pasajeros se miraron extrañados. Aquel lugar no tenía nada de especial, y de ser tan peligroso, cualquier aeronave o vehículo podría localizarlo fácilmente. El ladrido de los perros alertó de su presencia, despertando también a varios animales de granja.

- ¿Aquí? – preguntó Amanda.

- Tiene cierta lógica. Nadie sospecharía de un lugar como este – afirmó Alyn.

- Es gente muy pobre, gente que lo ha perdido todo. Con su esfuerzo, apenas logran sobrevivir ellos y mantenernos a nosotros. Seguidme, iremos a ver a nuestra líder.

Todos desmontaron y siguieron los pasos de Maelstrom, que los dirigió hacia una casa que en nada se diferenciaba de las demás. Desde el otro lado de sucios cristales, y tras correrse, en el mejor de los casos, polvorientas cortinas, los habitantes de aquel lugar los observaban. Tras golpear la puerta, una señora mayor salió a recibirlos. Tenía el pelo blanco y vestía con tonos negros y grisáceos; y a pesar de la hora que era, no llevaba pijama.

- Cuántas caras nuevas – dijo nada más verlos. – Pasad, pasad.

Los recién llegaron siguieron a la señora a través de un par de habitaciones, y al subir a la planta de arriba, Maelstrom la ayudó a alcanzar una escalerilla para llegar al ático. Sin mediar palabra, el primer sonido humano que se escuchó en aquel hogar fueron los gritos de sorpresa que preceden a cualquier abrazo en un reencuentro.

- ¡Joshua! ¡Maykel! ¡Estáis vivos! – exclamó Benjamín.

- Y tú también, encima parece que has comido menos estos días, ¿eh? – le dijo Maykel en tono jocoso, alegrándose de volver a ver a su amigo.

- Bueno, ya estáis todos aquí. Tomad asiento donde podáis.

Viejos juguetes y cajas de herramientas acompañaban a cajas de cartón repletas de recuerdos, telarañas, y sorpresas. Los invitados se sentaron como pudieron, siguiendo las instrucciones de la anfitriona.

- Oye, ¿mi hermano no debería estar aquí? – preguntó Salcedo.

- Tu hermano, Magdalena, Taylor… ¡y Ángela!

Tras mencionar Benjamín a su hijo, Alyn se temió lo peor. Desde luego no era una buena noticia. Antes de que los dos muchachos pudieran dar explicaciones, la anciana carraspeó fuerte, tomando la palabra.

- Ya sabía yo que os conocíais. Uno de nuestros militantes, Domenico Della Valle, guio a estos dos hasta nosotros. Un chico excepcional pese a su edad – dijo ella, ante lo cual, Maelstrom asintió.

- Sí, nosotros estábamos todos juntos cuando nos encontró, y la verdad es que no nos fiábamos nada, pero nos contó todo eso del movimiento anarquista y bueno, no queríamos que nos pasara lo mismo que a los viejos – añadió Joshua.

- Pero entonces, ¿dónde está mi hijo?

- Tu hijo sigue en Manrilem – dijo la señora. – Permitid que me presente, mi nombre es Mila Hollyfrey y soy la líder del Movimiento Panonírico. Tuve el placer de conocer a Magdalena hace unos días, y la verdad, me extrañó mucho. La pobre estaba desnuda en mitad de la calle y con la cabeza rasurada. No pude dejar de pensar en que algo horrible la había pasado, y como por arte de magia, estos chicos habían estado con ella poco antes. No sé qué es lo que se trae ella entre manos exactamente, pero lo que está claro es que están creando disturbios en la ciudad.

- ¿Qué clase de disturbios? – volvió a preguntar la señora Gyngercloth mientras aumentaban sus nervios.

- Han derribado la Iglesia del Santo Prejuicio. No podemos confirmar que hayan sido ellos, pero no hemos sido nosotros y no estamos al tanto de ninguna otra organización terrorista en la zona – dijo Maelstrom.

- Y supongo que esa sea una de las iglesias del Culto – dejó caer Benjamín.

La anfitriona asintió con la cabeza.

- El Culto, los Visionarios… da igual el nombre que adopten, son una amenaza muy real. A lo largo de generaciones, se infiltran en cada uno de los estratos de una sociedad para luego poder destruirla desde dentro. Lo han hecho en Manrilem y en muchas otras ciudades, y ahora tienen el poder suficiente como para tomar Cadmillon sin que nadie se lo dispute – explicó Hollyfrey.

- Esos fanáticos atormentan Cadmillon desde que comenzó la Bruma, más o menos. Seguro que existe alguna relación.

Las palabras del chico gordo hicieron que la señora esbozara una sonrisa.

- Por supuesto que la hay. ¿Cuál es su nombre, chico?

- Benjamín. Benjamín Lorenz.

La mención del apellido hizo que Amanda respirara fuerte.

- Está bien, Benjamín. ¿Crees que una organización como esa puede surgir de un día para otro? Yo me inclino a pensar que no. Seguramente llevaran al menos un centenar de años en la ciudad, preparando este momento.

- ¿Insinúas que ellos son los culpables de la Bruma y de los monstruos?

- Sí – interrumpió Maelstrom. – No sé exactamente cómo, pero el tiempo que pasé con ellos fue suficiente como conocer varios de sus secretos. Sus obispos y demás miembros jerárquicos se dedican a esparcir esto que conocemos como Bruma, provocando altercados y terror para lograr debilitar a los gobiernos. Según ellos, la Bruma revela las verdades más terribles que habitan en el corazón humano.

- Entonces ellos crean a los monstruos que aparecen durante cada fenómeno – dijo Amanda, rompiendo su sempiterno silencio.

- Uno de esos monstruos acabó con toda mi familia. No voy a revivir el cómo, pero de la necesidad de hacérselo pagar nació el Movimiento Panonírico. Esos desgraciados adoran ciegamente a un ser, una deidad primaria según ellos, que es la encargada de castigar a los hombres por pecar. Lo más oscuro de todo es que su fe busca acabar con la ciencia y con la libertad de los hombres, los mismos que abrazan sus doctrinas únicamente para reivindicar sus derechos. Los malos gobiernos y las malas gestiones están provocando cada vez un mayor descontento social y ellos son los principales beneficiados.

- Esa deidad que menciona Mila – comenzó a decir Maelstrom – es la misma a la que se adoraba en tiempos pretéritos. El Culto se basa en la reinterpretación de antiguos textos sagrados, dándoles una nueva perspectiva. Si queréis conocer algo realmente terrorífico, ellos están convencidos de que su dios aún vive en este planeta, en algún lugar oculto, y no han dejado de buscarlo. Los sacerdotes dicen poder escuchar su voz y comunicarse con él, pero tales conocimientos no le iban a ser otorgados a un don nadie como yo. Únicamente hay un hombre en el mundo capaz de resolver la ecuación.

- Mi marido – dijo Alyn por inercia, sin pensarlo siquiera.

- Su marido, señora Gynglercloth. Él recurrió a nosotros hace muchos años, avisándonos de que en ninguna circunstancia ni su mujer ni su hijo podían saber nada sobre su paradero para no correr peligro. Al principio pensé que se trataba de otro loco que quería un momento de protagonismo, pero luego comenzó a contarme una historia sobre una niña que llevaba en su interior una enfermedad de la sangre y dos libros sagrados que eran nuestra única esperanza para detener la Bruma y salvar a la humanidad, y me pareció que el señor estaba demasiado cuerdo como para habérselo inventado todo. Tiempo después, Maelstrom me lo confirmó, y el resto es historia.

- Menudo cabrón egoísta, ¡menudo infierno nos hizo vivir!

Alyn gritó furiosa, mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Ahora mismo su corazón era un cóctel de emociones dispuesto a estallar.

- Garret hizo esto porque os amaba tanto a ti como al pequeño Taylor y era muy consciente de que, de haberse quedado de brazos cruzados, el Culto ganaría e impondría su dictadura – la respondió el antiguo amigo de la familia.

- Pero vamos a ver, cómo que dictadura, contádnoslo todo – dijo Benjamín.

- Y una cosa más. Entiendo que la chica esa que decía el tal Garret es la supuesta Magdalena, y que su hijo es normal que esté involucrado en todo esto. ¿Pero y mi hermano? Si es un paleto que apenas sabe agarrar un fusil.

- A veces las buenas personas deben de tomar una decisión cuando el mundo que las rodea comienza a volverse hostil e injusto, y tu hermano hizo lo que consideró oportuno. Quizá tomó la opción menos sabia, pero sin duda, la más valiente.

- Bonitas palabras, pero no ignores lo que acabo de preguntar sobre la dictadura.

- El Culto está llevando a cabo un plan que ellos llaman Vía de la Iluminación y que consiste en todo lo que ya hemos hablado, desestabilizar gobiernos, reinar en las ciudades, dividir a la población… una vez que lo logren, alcanzarán el Paraíso Eterno. Antes de que me preguntes en qué consiste, te diré que supuestamente es el lugar donde su dios los llevará para vivir eternamente libres de pecado y donde cada uno de los fieles será juzgado como merecedor o no de un puesto de infinito éxtasis y pureza. La única forma de evitarlo es descifrando la ubicación de ese supuesto dios suyo y acabando con él.

- Y me imagino que no tengáis ni idea de qué tipo de dios es – dijo Giandro.

- Si realmente fuera un dios, yo seguiría siendo un creyente – respondió Maelstrom sonriendo por primera vez. – Podría ser un sistema informático, una criatura hostil, algún ser humano que hubiera burlado a la muerte de alguna manera… no lo sé, pero te puedo asegurar que algo hay.

- Lo sabes porque a ti te hicieron daño – le recriminó su antigua amiga. Él prefirió no responder.

- Está claro que esos cabrones tienen que pagar por lo de mi padre, así que contar conmigo – dijo Benjamín.

- ¡Alto, alto! ¡Si ni te he contado en que consiste exactamente el Movimiento Panonírico! – exclamó Mila con una enorme sonrisa.

El chico gordo se ruborizó.

- Tampoco creo que necesite mucha propaganda, este se anima a cualquier cosa que implique quemar contenedores – dijo su madre.

Todos dejaron escapar una ligera risa.

- Bien. Yo formé este grupo poco a poco con la ayuda de varios renegados y de gente que, al igual que yo, había sufrido en su propia piel el pesar y el dolor provocado por la Bruma y por el Culto. Gente venida incluso de lugares muy lejanos, atraída como polillas a Cadmillon. No tenemos la fuerza militar suficiente para confrontarlos directamente, así que nuestro principal objetivo es convencer a la población, y, en ocasiones, no puedo negar que intentar asesinatos programados. No me malinterpretéis, no soy una mujer violenta, únicamente soy otra víctima más. Hace varios años esos canallas atraparon al señor Longshallow y lo tienen trabajando para sí. Curiosamente, hace uno o dos días hemos descubierto su posición gracias a un agente que trabaja para nosotros. Ahora mismo tenemos que rescatarlo, escuchar lo que nos tenga que decir, y exterminar tanto al problema de raíz como a las cucarachas que forman su secta.

- Y después, ¿qué? Tiene que haber un después – preguntó Alyn.

- Después recuperas a tu marido y vivís la vida que os ha sido negada hasta el momento. Nosotros no buscamos ni poder ni gloria, únicamente dejar a la humanidad que decida por sí misma y a la ciencia volver a convertirse en la luz del progreso o de la ruina – respondió Maelstrom.

- El señor Longshallow se encuentra en una fortaleza secreta al norte de Cadmillon. Tres de mis mejores hombres, entre los que se encuentra este caballero, irán mañana por la noche a liberarlo. Nuestro contacto nos facilitará la entrada – añadió Mila.

- Yo quiero participar. Si mi hermano tomó la elección más valiente, yo no puedo ser menos. ¡No me apetece que se quede toda la herencia! – bromeó Giandro.

- Yo también quiero ir. Sí, no me miréis así, sé que estoy gordo, pero tengo una facilidad lanzando petardos e incendiando cosas que os podría hacer alucinar – añadió Benjamín.

- Entonces creo que no podemos quedarnos aquí, ¿verdad, Maykel? – dijo Joshua mientras daba una palmadita en el hombro a su amigo.

- Preparaos bien, pues. Va a ser un viaje seco y movidito, y si no acaban con vosotros las gargancontas, podría hacerlo cualquier puto fanático si se complican las cosas allí dentro.

Tan enigmático como siempre, Maelstrom se levantó y se retiró a dormir, intentando no pensar en la gesta que tenían por delante.


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