El primer borrador

 


Hoy os traigo un tema recurrente en cualquier web de escritores que se precie, y aunque el objetivo de mi página es acercarme a un posible lector, no quiero dejar de lado el carácter didáctico que puede albergar el coloquio humano. Y es que la mayoría de grandes escritores coinciden en que para ser un buen escritor, debes de ser al menos un correcto lector.

Los motivos de tal afirmación no voy a discutirlos hoy, por más que pueda resultar evidente. En esta entrada únicamente voy a hablar, y tal y como su nombre indica, del primer borrador de una novela. No quiero abarcar también el de un poemario o un libro de relatos, pues entiendo que el proceso de elaboración de cada una de las piezas que los componen es individual. Por eso hablaremos de mi formato predilecto, ya que como escritores, tenemos que abarcar una historia que siempre nos va a llevar meses de trabajo como una única cosa.

Esto entraña varios riesgos, y el principal es que el escritor, aunque parezca mentira, es un ser humano. ¿Qué quiero decir con esto? Que además de tener unas ciertas necesidades biológicas y obligaciones sociales, tiene una vida personal aparte. Esto se traduce en que trabaja, tiene otros hobbies, sufre vaivenes sentimentales, y un montón de situaciones más de sobra conocidas por todos. Si alargamos el proceso creativo del primer borrador durante mucho tiempo, nuestro interés decaerá o se irá a otros proyectos, haciendo que nuestra obra se resienta.

Creo que, cada uno de nosotros, para encontrar su método debe de dejarse guiar por los consejos de aquellos que saben más y adaptarlos a sus propias necesidades y cultura. Que un escritor haya triunfado un determinado proceso no lo convierte en regla, pues el mundo cambia y lo que hace cincuenta años funcionaba, ahora no lo hace. Esto viene con el tiempo. Yo, que estoy a medio camino entre ser un autor novel y profesionalizarme en ello (lo cual seguramente me llevará unos años más), he ido encontrando mi método a base de leer mucho y de escribir constantemente. Es lo que podríamos denominar "efecto bola de nieve" (buen título para otro artículo): contra más costumbre adquieres para escribir, más escribes. Es una matemática simple pero que no asegura el éxito, pero... ¿Qué es el éxito? Si escribes para situarte en el número uno de los más vendidos, especialízate en informática o en una ingeniería. 

Como siempre se ha dicho, la única clave para el éxito es la constancia. El objetivo de un escritor, a mi parecer, es contar una buena historia. Y de eso va este artículo y, por ende, el primer borrador de la novela. Un primer borrador de la novela significa sacar la historia de nuestro interior y plasmarla en un papel. El producto final variará, quizá más o quizá menos, pero variará. Será sometido a varias revisiones y quizá sean necesarios años para que se convierta en un libro publicado, pero da igual. Cuando tenemos una idea sobre la que escribir, tenemos que anotarla en un papel, documentarnos, y plasmarla. Ya habrá tiempo para hablar de la publicación.

Dice Stephen King que un primer borrador nunca puede llevar más de tres meses, por larga que sea la obra. Y es que la longitud es otro tema importante. Hay autores que se obligan a añadir más páginas, descripciones más densas, personajes innecesarios. Yo creo que cada historia debe tener la longitud que te pide. Por ejemplo, "El Ministro del Silencio" únicamente tiene 160 páginas, pero los segundos borradores de "El Caballero Verde" (ejem... ese nombre...) y de "Magdalena" tienen entorno a 950 y 495, respectivamente (quizá baje el interlineado de Magdalena a 1.5, lo que mande la editorial). ¿Quise escribir tantas páginas al proyectar la novela? No, simplemente quise contar una historia determinada y dejé que cobraran vida ante mis ojos. El borrador que estoy terminando ahora (de un proyecto no específico), rondará como mucho las 300. 

Pero, ¿a qué debo de atenerme cuando escriba este primer borrador? A nada. Únicamente plasma la historia de la mejor manera que puedas en ese momento, ya que las ideas tienen fecha de caducidad y, en ocasiones, amenazan con amontonarse. Ya habrá tiempo para ello tras la primera revisión: yo prefiero realizarla sobre el documento de texto, para corregir faltas de ortografía, expresiones raras, y errores de escritura que en el momento de escribir no soy consciente de cometer. Luego ya podríamos pasar a una segunda revisión sobre el cuerpo de texto escrito, y a todas las que sean necesarias hasta que estemos seguro de que ese es el producto que queremos publicar. Tenemos todo el tiempo del mundo para corregir, pero no para escribir el primer borrador.

Como detalle final, os dejaré esta maravillosa charla entre dos maestros contemporáneos:



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