Magdalena - Créditos del Capítulo V

 



¡Buenas tardes lectores! Tras una semana muy intensa en la cual he conseguido volver a ponerme al día con la escritura, comenzando a organizarme para varios certámenes y realizando una entrevista en directo para Charlando entre Lectores y Escritores, cerramos la tarde del domingo con los esperados créditos del quinto capítulo de Magdalena. Y es que poco más me queda hacer hoy que compartirlo con vosotros y comenzar a recuperar el ritmo de trabajo para finalizar la novela.

Quiero adelantar, eso sí, que en abril va a haber varias sorpresas, así que suscribiros y no os perdáis nada.

Como siempre, ante todo el índice:

LISTADO DE CAPITULOS

Prólogo y Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V


CRÉDITOS DEL CAPÍTULO

Créditos del Prólogo y Capítulo I

Créditos del Capítulo II

Créditos del Capítulo III

Créditos del Capítulo IV





"SNEAK PEEK" DEL CAPÍTULO VI

- No puedo ir más deprisa tampoco, ¿es que no lo ve?

- No me diga que no puede hacerlo, ¡simplemente hágalo!

Doble-W estaba nervioso. El científico correteaba de un lado a otro del laboratorio, aguantando el chaparrón de improperios que el sicario escupía en su dirección.

Sobre la única camilla del salón yacía Magdalena. Sus cabellos rizados ahora ocupaban una papelera en una esquina, y todas las vías que tenía conectadas a su cuerpo no hacían más que succionar su sangre poco a poco.

- ¿Usted entiende algo sobre esto? Si aceleramos el proceso, morirá – dijo el más anciano de los dos.

- ¿Te crees que me importa la chica? Yo sólo sigo órdenes y las cosas se están poniendo feas ahí fuera, al menos hasta que lleguen los refuerzos, pero… ¿sabes lo que pueden tardar en bajar hasta aquí? 

El científico se encogió de hombros.

- Lo suficiente como para que usted pueda ser asesinado por uno de esos rebeldes. No sé si me entiende.

Las amenazas de Doble-W surtían efecto en el hombre, que nada más escucharlas comenzó a corretear por la habitación intentando mantener el cuidado suficiente como para evitar destrozos innecesarios.

La chica abrió los ojos. Se sentía débil y la dolía mucho la cabeza. La luz de la estancia la dañó y la obligó a parpadear. No podía moverse, la habían amarrado.

- Buenos días bella durmiente – dijo el sicario.












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