Magdalena - Créditos del Capítulo III

 


¡Bienvenidos una semana más a los créditos del tercer capítulo!

Parece que la trama comienza a arrancar pasados ya tres capítulos, y nuevamente nos deja los interrogantes en el aire, alcanzando un clímax arrastrado desde el inicio del libro que nos sitúa en la antesala de los laberintos de la narrativa.

En primer lugar, y como siempre, los enlaces a mano por si no lo lleváis al día.

LISTADO DE CAPITULOS

Prólogo y Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III



CRÉDITOS DEL CAPÍTULO

Créditos del Prólogo y Capítulo I

Créditos del Capítulo II




CRÉDITOS DEL CAPÍTULO III

Tras mostrar en el Capítulo II que Magdalena es la chica del prólogo, y presentarnos a las criaturas que habitan los túneles bajo Cadmillon, este capítulo da una vuelta a la perspectiva, volviendo a los militares que tan castigados son al final del anterior capítulo.

De forma simultánea a lo ocurrido previamente, Taylor, que como sabemos estaba disfrutando de su permiso, se ve obligado a asistir en armas ante un ataque terrorista. Hasta ahí no tiene nada de especial, más que la presentación de un nuevo personaje, Fabio Salcedo, que decide acompañarlo a pesar de no convencerlo los riesgos. El cierre del capítulo sirve para plantear ciertas cuestiones, como la brutalidad del ejército que sirve al Gobierno Central (y como afecta esto a Taylor), quiénes eran los terroristas y por qué atacan, y qué va a ocurrir con Magdalena tras el final del Capítulo II.

A fin de cuentas, es un capítulo cuyo valor está en las piezas que coloca sobre la mesa de cara a futuro, más que en su propia dinámica.


"SNEAK PEEK" DEL CAPÍTULO IV

"Gritó y pataleó, pero no sirvió de nada. Estaba aterrada y no sabía cómo podía salir de allí.

Le dolían mucho los nudillos. Había roto la silla del interrogatorio contra el cristal blindado de la sala, pero de poco había servido. Dos lágrimas caían lentamente por sus mejillas recorriendo sus surcos como los ríos en primavera.

Se sentó en el suelo y comenzó a mirar a las rendijas de la ventilación. Le parecía escuchar algo al otro lado, pero quizá era su cabeza jugándola una mala pasada y amenazando con volverla loca.

“¿Cuántas horas llevo ya aquí?” No había respuesta a aquella pregunta. “Tal vez dos, tal vez cuatro…”. Lo peor era el estrés: odiaba estar encerrada. A su alrededor únicamente podía encontrar paredes color marfil, una mesa bastante vieja y el gran cristal.

Doble-W abrió la puerta y entró, llevando consigo una silla plegable y una carpeta.

- Vaya, no te ha sentado bien venir aquí – dijo con tono sarcástico.

Ella intentó lanzarse contra él, pero de un tortazo la sentó en el suelo.

- ¿Por qué me hacéis esto? – preguntó Magdalena entre lágrimas.

- Lo sabes muy bien, así que cuanto antes respondas a mis preguntas, antes podrás irte a casa.

- Los dos sabemos que no me dejarás ir, no después de lo que hicisteis a la gente del metro.

- Habría sido muy egoísta dejarlos con vida, ¿no crees? Unos pocos con un potencial tan grande de hacer daño… imaginad lo que podría pasar si el pueblo de Cadmillon descubre que existen esas criaturillas correteando por los túneles del metro.

- ¿Ya lo sabíais?

- ¿Tú no? ¿Después de tantos años? Por favor, Magdalena – Winterlich posó la carpeta sobre la mesa y la abrió. – Estaba yo pensando… ¿qué puedes decirme sobre tus padres?

- Sólo te pido que no le hagas daño a mi padre, por favor… él no tiene la culpa de nada.

- ¿A tu padre? ¿O tal vez debería decir a tu tío?

Magdalena se quedó muda."

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